El estrés hídrico no es solo una cuestión de agua disponible
En agricultura, el estrés hídrico suele asociarse a la falta o al exceso de agua. Sin embargo, en muchos casos aparece incluso cuando el aporte hídrico es suficiente. La clave no está únicamente en cuánta agua se aplica, sino en cómo se comporta esa agua dentro del suelo.
La infiltración, la distribución y la retención determinan si el agua es realmente aprovechada por las raíces o se pierde por escorrentía, percolación profunda o humectación irregular. Cuando estos procesos físicos fallan, la planta sufre estrés aunque la cantidad de riego o lluvia hayan sido adecuada.
Por eso, abordar el estrés hídrico requiere pasar de gestionar volúmenes a diseñar el comportamiento del agua en el suelo.
Dinámica agua–suelo bajo condiciones de estrés
El movimiento del agua en el suelo está condicionado por propiedades físicas clave:
- Infiltración: capacidad del suelo para permitir la entrada del agua.
- Distribución: cómo se reparte el agua en profundidad y lateralmente.
- Retención: cuánto tiempo permanece disponible antes de perderse.
En escenarios de estrés, sequías prolongadas, ciclos repetidos de secado–humectación, compactación o presencia de recubrimientos orgánicos, estos procesos se alteran. Aparecen costras, zonas hidrofóbicas y flujos preferenciales que impiden una humectación uniforme de la zona radicular.
Estas irregularidades comprometen tanto la absorción de agua como la nutrición del cultivo.
Los cuellos de botella físicos del estrés hídrico
- Alta tensión superficial
Una tensión superficial elevada hace que el agua forme gotas aisladas, limitando su contacto con las partículas del suelo y ralentizando la infiltración.
- Hidrofobicidad del suelo
Suelos que repelen el agua debido a recubrimientos orgánicos o desecación prolongada generan patrones irregulares de distribución del agua y zonas que, pese al aporte hídrico, permanecen secas de manera persistente.
- Falta de conectividad hidráulica
La presencia de áreas hidrofóbicas genera bolsas aisladas de agua, sin continuidad entre los poros de la matriz del suelo, dificultando su redistribución hacia la raíz.
Superar estos límites exige actuar sobre la física del agua, no solo sobre el riego.
Un enfoque desde la formulación para abordar el estrés hídrico
Desde la formulación, es posible intervenir directamente en la interacción agua–suelo mediante:
- Reducción de la tensión superficial,
- Restauración de la capacidad del suelo para absorber agua,
- Mejora de la conectividad hidráulica entre poros,
- Aumento del tiempo de permanencia del agua en la zona radicular.
La combinación de tensioactivos y polímeros funcionales permite generar patrones de humectación más continuos y estables, actuando sobre el sistema suelo–agua–planta desde su base física.
Implicaciones agronómicas
Una mejor infiltración y distribución se traduce en:
- Mejor aprovechamiento del agua evitando pérdidas por escorrentía o evaporación.
- Disponibilidad constante de agua en la zona radicular
- Mejora la humectación de suelos secos o encostrados
- Disponibilidad hídrica estable entre riegos
- Mayor eficiencia en el uso del agua.
Todo ello contribuye a una mayor resiliencia del cultivo frente al estrés y a un mejor aprovechamiento de los recursos hídricos disponibles.
La visión de AgroSolutions
El estrés hídrico no se resuelve con soluciones genéricas. Requiere entender el problema físico y diseñar respuestas formulativas adaptadas.
AgroSolutions aborda este desafío desde la capacidad de diseño, desarrollando soluciones que actúan sobre la dinámica del agua en el suelo para restaurar su funcionalidad allí donde más importa: en la raíz.